sábado, noviembre 11, 2006

CIUTADANS DE CATALUNYA o LA FINCA DEL SEÑORITO

Ya fueron las elecciones catalanas, y ya parece que habrá nuevo President, lo que vendrá muy bien para que los medios de comunicación (como siempre, qui paga, mana) se centren en el despiece (bi)partidista ya tan rutinario, esperado y coreografiado como el vals de Año Nuevo en Viena. Y de paso intentarán que pase desapercibido el terremoto verdadero y fundamental de las elecciones catalanas (aparte de la altísima abstención, que no preocupa porque es mejor que la muchedumbre se habitúe a no usar sus escasos medios de participación política, no vaya a ser que cualquier día exijan más y se acabe el pastel).
Este terremoto se llama Ciutadans de Catalunya. Y el terremoto se produce no porque haya tenido un éxito abrumador, sino porque ha tenido presencia en un coto de caza reservado exclusivamente para los señorones de toda la vida. De repente, un partido político nuevo, ignoto, consigue hacerse un hueco en una arena política (la catalana, pero también la española) anquilosada, fosilizada en actitudes, gestos y comportamientos, acostumbrada a repartirse el gobierno y la oposición a modo de respectivos cortijos (hoy yo, mañana tú, hacemos como que nos peleamos, y luego gano yo y vuelta a empezar).
¡Con qué condescendencia se trataba a Ciutadans antes de las elecciones! Para unos, era una avanzadilla contra los partidos nacionalistas a la que jalear y animar, sin duda con la idea de usarla para desgastar al contrario y luego olvidarlos como se olvida un juguete en un baúl; otros la defendían como una doble reacción de la intelligentsia contra el cerril panespañolismo del PP y contra la catalanidad tribal, algo así como una versión naif y angélica de la progresía intelectual hispana (la única capaz de ser republicana y al mismo tiempo brincar de alborozo cuando el Rey les impone la Medalla del Mérito en el Trabajo sin despeinarse). Pero todos coincidían en tratarlos con la suficiencia que otorga el saberse herederos de un sistema político y de voto que les garantiza la perpetuación del pesebre oficial, ya que estaban convencidos de que, a la postre, lo de Ciutadans se quedaría en una simpática anécdota, una modesta nota a pie de página, una quijotada condenada al fracaso.

"¡Horror! ¡No ha fracasado! ¡Intrusos en la finca!", algo así se vociferó sin duda en las sedes de los diferentes partidos cuando se publicaron los resultados de las elecciones. Pensemos: ¿qué hace el señorito cuando ve que unos pobretos invaden la finca? Pues soltar a los perros. Y éstos ladran, atacan, muerden y se desgañitan. Los canes, del género tertulianus vulgaris, (dispóngase también de algún plumillis mercenarius, que aúlla por escrito) emprenden la caza y la emprenden a dentelladas. De repente, los que eran simpáticos, quijotescos y excéntricos Ciutadans se vuelven (así nos los quieren vender) peligrosos ultraderechistas en un parpadeo, nuevos Lerroux dispuestos a tomar al asalto el Paralelo y el Parque Güell, si se tercia (y esto no es invención mía, cosas así se están diciendo ya sobre ellos). Desde el extremo contrario se les critica por "no tener ideología", sin duda porque quien eso les achaca debe ser el único dispensador de tan vaporoso concepto. ¡Válgame el cielo! ¿Los partidos sin ideología no son válidos? Pues cierren sus sedes todos los partidos que en España tienen asiento, que están todos aquejados del mismo mal (salvo IU, que sigue inasequible al desaliento e impasible el ademán en el mundo de La Abeja Maya). En un país en el que las elecciones están mercantilizadas y en los que todo el bagaje teórico de los partidos políticos consiste en dos consignas mal pergeñadas, peor difundidas y pésimamente coreadas, criticar a otros por carecer de claras propuestas ideológicas es, o de cínicos, o de mentecatos.

A pesar de su aparente rivalidad, todos los partidos disparan al mismo pianista: a Ciutadans. Han visto aparecer una grieta en el monolítico edificio de sus prebendas y corren todos raudos a taparla a base de paletadas de cemento y cal, no vaya a ser que el ejemplo cunda, las fracturas aumenten, y se venga abajo la primorosa maraña de favores, clientelismo y privilegios de que disfrutan desde hace casi 40 años. Y no porque Ciutadans vaya a suponer la destrucción de la democracilla española (que ni en broma), sino porque significa que acaso en el futuro haya que repartir la tarta con uno más, y nadie quiere renunciar a parte de su porción.

Señoritos cortijeros, caciquiles, y, además, mezquinos.

3 Comments:

At 1:28 a. m., noviembre 26, 2007, Blogger Salvador Sáinz said...

Yo soy catalán, nacido en Reus, y muchas veces siento auténtico bochorno por los discursos de nuestros políticos.
Lo de Ciutadanas me gustó mucho. He asistido a sus mítines.
Los de Esquerra se meten en todas partes. Fijaros que para publicar mis últimos libros me he tenido que ir a la comunidad Valenciana mientras que en Reus me ignoran.
Acaban de organizar un festival, del que nadie se ha enterado afortunadamente, y el presidente de honor es el molt honorable Benach al que conozco hace muchísimo tiempo y del que prefiero no hablar.
Presentaron un documental sobre el capitán Trueno y la presentación corrió a cargo de Carod Rovira (?) que no sé qué pintaba ahí.

 
At 12:36 a. m., noviembre 28, 2007, Blogger Wannabegafapasta said...

Es evidente la relación: Carod es tan alto como Crispín. :P

 
At 11:08 p. m., marzo 20, 2008, Blogger Princesa empanada said...

¿Crispín se llamba Crispet?

 

Publicar un comentario en la entrada

<< Home